La tormenta llevaba horas golpeando las ventanas. Las sillas de la terraza seguían donde las habían dejado. De pronto se oyó un golpe seco. Cuando llegaron, Rosa ya no respiraba. Nadie entró ni salió en toda la noche, así que tiene que ser una de las cuatro personas que quedan.
Coloca a cada persona en una casilla: exactamente una por fila y una por columna. Se puede estar sobre sillas, sillones, sofás, alfombras y camas, pero no sobre mesas, estanterías, plantas, pianos, bañeras, cajas ni arbustos. El asesino es el único sospechoso que estaba en la misma estancia que la víctima.